Paz y Lara ganaron donde antes ganaba el MAS, no fueron los bots

Eje Global

La crisis de credibilidad que hoy golpea al Gobierno de Rodrigo Paz tiene un nombre que se repite en Bolivia y fuera del país: Fernando Cerimedo. Pero reducir todo el problema a la existencia de un consultor argentino sería demasiado fácil. El verdadero problema es político: el Gobierno permitió que un operador de comunicación digital adquiriera una influencia considerable durante la segunda vuelta electoral y, después de ganar, mantuvo una relación con él que ahora intenta explicar como si hubiera sido solamente una amistad.

El propio Paz reconoció recientemente que Cerimedo colaboró con su campaña de segunda vuelta y que también lo acompañó durante los primeros meses de Gobierno, aunque negó que hubiera tenido un contrato o representación oficial. Esa precisión jurídica no elimina la pregunta política: ¿qué nivel de acceso e influencia tuvo realmente Cerimedo sobre el Presidente?

Para entender lo que ocurrió hay que volver a la elección de 2025. En la primera vuelta, el PDC de Rodrigo Paz quedó primero y Jorge Tuto Quiroga segundo. Paz obtuvo alrededor del 32% y Quiroga cerca del 27%; Samuel Doria Medina quedó tercero con aproximadamente 20%. Andrónico Rodríguez obtuvo poco más del 8%.

Paz y Edmand Lara, sin embargo, no fueron durante buena parte de esa primera vuelta el centro de la confrontación política y mediática. La disputa principal estaba concentrada entre las otras candidaturas opositoras. Fue después de conocer los resultados cuando la campaña cambió de naturaleza y comenzó una guerra mucho más agresiva por el voto de quienes habían quedado fuera del balotaje.

En ese contexto hay que mirar también a La Derecha Diario y al periodista Junior Arias. La Derecha Diario fue fundada por Fernando Cerimedo y estuvo vinculada empresarialmente a figuras como Natalia Basil, Juan Pablo Carreira y Ezequiel Acuña; posteriormente Cerimedo compartió la propiedad con el periodista español Javier Negre, quien finalmente adquirió su participación en agosto de 2026.

El contenido publicado por La Derecha Diario durante la campaña de la primera vuelta muestra una fuerte ofensiva contra Samuel Doria Medina y, posteriormente, una cobertura favorable a Jorge Quiroga. Su propio archivo registra, entre otros contenidos, publicaciones sobre el supuesto vínculo de Doria Medina con el socialismo y artículos que presentaban a Quiroga como el candidato capaz de derrotarlo.

También hay que ser cuidadosos con Junior Arias. Existen contenidos y declaraciones que muestran su enfrentamiento con Doria Medina y, posteriormente, una relación mediática mucho más cercana a sectores que respaldaban a Quiroga. 

Esta precisión es importante porque nos lleva al argumento que hoy se repite con demasiada ligereza: que Cerimedo ganó las elecciones mediante bots.

No hay evidencia suficiente para sostener semejante afirmación.

Cerimedo tiene antecedentes ampliamente documentados como estratega digital y es conocido por el uso de herramientas de comunicación política y redes sociales. En Bolivia, además, la Fiscalía informó que durante allanamientos vinculados a sus investigaciones se encontró una infraestructura descrita como una pequeña granja de bots. Pero demostrar que existieron herramientas digitales no equivale a demostrar que esas herramientas fabricaron una elección presidencial.

Los resultados electorales cuentan otra historia. En la segunda vuelta, el PDC obtuvo 3.579.534 votos, equivalentes al 54,96%, frente a 2.884.661 de Libre, con 45,04%. La diferencia fue de casi 695.000 votos.

Paz ganó, además, en buena parte del occidente del país. Eso obliga a mirar la elección más allá de X, Facebook o TikTok. Una parte importante del electorado que había votado por distintas expresiones del MAS y por Andrónico Rodríguez terminó optando por Paz y Lara antes que por Quiroga. No porque todos se hubieran convertido en partidarios del PDC, sino porque en una segunda vuelta el voto también expresa rechazo, cálculo y búsqueda de una alternativa viable.

En muchas comunidades rurales del occidente boliviano la decisión política continúa pasando por sindicatos, organizaciones, federaciones y ampliados. Allí la política no se reduce a una campaña digital. Paz y Lara consiguieron penetrar en ese bloque popular y rural de una manera que Quiroga no logró con la misma intensidad. El mapa electoral y la magnitud de la transferencia de votos hacen muy difícil atribuir el resultado a una supuesta maquinaria de bots.

Eso no significa que Cerimedo haya sido irrelevante. Significa algo mucho más sencillo: una estrategia digital puede ayudar a ganar una campaña, pero no puede reemplazar a millones de electores.

La izquierda internacional debería tener cuidado con convertir ahora la hipótesis de los bots en una explicación total de la victoria de Paz. Si cada resultado electoral que incomoda a una corriente política se transforma automáticamente en fraude digital, terminaremos haciendo exactamente aquello que durante años se criticó a la derecha, negar legitimidad a las urnas porque el resultado no coincide con nuestras preferencias.

El problema más grave de Paz, porque Bolivia esperaba respuestas frente a la crisis de combustibles, la inflación, la falta de dólares, el desempleo y la pobreza. En cambio, el Gobierno terminó enfrentando una sucesión de escándalos. El caso de los combustibles, las investigaciones por las maletas y el oro, y las denuncias relacionadas con narcotráfico han golpeado seriamente su credibilidad. Son asuntos que deben investigarse hasta el final y no pueden convertirse, sin sentencia, en condenas políticas.

Y entonces aparece Nadia Beller. Después de sobrevivir a un ataque armado en Santa Cruz, Beller acusó a Cerimedo de haber ordenado el atentado y afirmó poseer información sobre presuntos negocios ilícitos vinculados a personas del entorno del poder. Cerimedo niega las acusaciones y su defensa incluso ha sostenido que el ataque pudo tratarse de un autoatentado. La Fiscalía, entretanto, mantiene abiertas investigaciones por tentativa de feminicidio, enriquecimiento ilícito y presuntos vínculos con el narcotráfico.

Beller ha llevado sus denuncias a medios nacionales e internacionales. Eso no convierte sus acusaciones en verdades judiciales, pero tampoco permite ignorarlas.

El gran error político de Paz fue permitir que Cerimedo estuviera tan cerca del poder y ahora pretender que la relación puede explicarse solamente diciendo que era un amigo que daba consejos.

Un Presidente no puede esconderse detrás de la ausencia de un contrato.

El problema de Rodrigo Paz ya no es explicar quién fue Cerimedo. Es demostrar que ningún asesor, operador, empresario o amigo estuvo por encima del Estado.

Los bots no votaron por Rodrigo Paz. Los bolivianos sí.

Y precisamente por eso, el Presidente tiene ahora una obligación mucho mayor: demostrar que aquellos millones de ciudadanos que depositaron su voto en las urnas no entregaron su confianza a un Gobierno incapaz de distinguir entre el poder del Estado y el poder de quienes lo rodean.

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Licenciada en Ciencias de la Comunicación y MSc. en Marketing Político, es columnista especializada en temas de comunicación política y analista en este ámbito. Su experiencia incluye consultoría en transparencia electoral y participación como observadora internacional en procesos comiciales. Además, es socia de ACEIPOL, un espacio comprometido con la profesionalización de la política, desde donde impulsa estrategias innovadoras y análisis profundos sobre el panorama político contemporáneo.