
Apple cambió de CEO y, apenas unos días después, cambió también la forma del producto que define a la compañía. El 9 de septiembre, John Ternus encabezó su primer gran evento desde que asumió la dirección ejecutiva en sustitución de Tim Cook y presentó el iPhone Duo, el primer teléfono plegable de Apple. No fue un lanzamiento cualquiera. Fue, al mismo tiempo, la presentación de un producto y la primera prueba pública de una nueva era corporativa.
Ternus llega al puesto con una particularidad relevante. Es un ingeniero mecánico de 51 años, acumula alrededor de 25 años dentro de Apple y desarrolló buena parte de su carrera alrededor del hardware. Su perfil contrasta con el del hombre al que sustituye. Cook convirtió a Apple en una formidable maquinaria operacional, financiera y de servicios durante sus 15 años al frente de la compañía. Ternus recibe una empresa extraordinariamente rentable, pero también una organización sometida a una pregunta incómoda: ¿puede Apple volver a sorprender con un producto y no solamente perfeccionar los que ya tiene? El iPhone Duo constituye una primera respuesta.
Con un precio inicial de 1,999 dólares, una pantalla exterior de 5.4 pulgadas y otra interior plegable de 7.6 pulgadas, el dispositivo representa la transformación física más importante del iPhone desde su aparición en 2007. Cerrado tiene dimensiones similares a las de un pasaporte; abierto se aproxima a la experiencia de una pequeña tableta. Incorpora el procesador A20 Pro, cuerpo de titanio, arquitectura de doble batería y una versión de iOS 27 adaptada para trabajar simultáneamente con varias aplicaciones.
Apple, sin embargo, no inventó el teléfono plegable. Llega tarde a una categoría que Samsung, Huawei y otros fabricantes asiáticos llevan años desarrollando, mientras absorben los costos iniciales de experimentar con bisagras, pantallas flexibles, resistencia y nuevos formatos. Los plegables continúan representando menos de 5 % de las ventas mundiales de smartphones, de manera que Apple entra en un mercado tecnológicamente avanzado, pero todavía minoritario.
Precisamente ahí aparece una de las apuestas más interesantes de Ternus. Apple no necesita demostrar simplemente que puede fabricar un plegable, sino que puede convertirlo en una categoría verdaderamente relevante. Es una estrategia conocida. La compañía rara vez ha necesitado ser la primera. No inventó el reproductor MP3, el teléfono inteligente, la tableta ni el reloj inteligente. Su ventaja histórica ha consistido en ingresar cuando una tecnología comienza a madurar, reducir fricciones, integrar hardware y software y convertir una innovación previamente existente en una experiencia suficientemente sencilla para ampliar su mercado.
El problema es que esta vez el precio de entrada es extraordinariamente alto. Los 1,999 dólares convierten al Duo en el iPhone más caro de Apple y plantean una prueba especialmente interesante para América Latina. Un consumidor latinoamericano no enfrenta solamente el precio estadounidense del dispositivo. Dependiendo del país, debe absorber además impuestos, costos de distribución y movimientos cambiarios que pueden ampliar considerablemente la distancia entre el precio internacional y su ingreso disponible.
Por eso, en buena parte de la región el Duo será menos un producto de consumo masivo que un bien aspiracional. El financiamiento, los programas de renovación, la compra en Estados Unidos, los equipos reacondicionados y la permanencia durante más años con generaciones anteriores seguirán siendo mecanismos fundamentales para acceder al ecosistema Apple.
Esto no necesariamente constituye un problema para la compañía. Apple nunca ha competido por dominar el mercado mediante precios bajos. Compite por capturar una proporción desmedida del valor económico generado en los segmentos superiores. El propio lanzamiento refuerza esa estrategia: junto con el Duo, los nuevos iPhone 18 Pro y Pro Max elevaron sus precios de entrada a 1,199 y 1,299 dólares, respectivamente. La cuestión empresarial relevante, entonces, no es cuántos latinoamericanos podrán comprar inmediatamente un Duo, sino si Apple conseguirá nuevamente establecer una referencia que sus competidores terminen siguiendo.
Ese desafío marca también el comienzo del mandato de Ternus. El nuevo CEO hereda una Apple inmensamente más grande que la recibida por Cook en 2011, pero también una compañía que enfrenta desafíos diferentes: presión regulatoria, una competencia tecnológica mucho más sofisticada procedente de Asia, dificultades particulares en China y, sobre todo, una carrera por la inteligencia artificial en la que Apple necesita demostrar que puede convertir su enorme ecosistema instalado en una ventaja competitiva.
El Duo añade otro desafío. Su éxito dependerá de que el formato plegable produzca beneficios suficientemente visibles para justificar no solamente un nuevo diseño, sino un precio cercano a los 2,000 dólares. Tener dos aplicaciones abiertas, disponer de una pantalla mayor o utilizar el Apple Pencil son posibilidades atractivas; convertirlas en razones suficientes para sustituir un iPhone convencional es una cuestión diferente. Apple necesita demostrar que el pliegue resuelve problemas y no que simplemente añade sofisticación.
El primer gran lanzamiento de Ternus contiene, por ello, una paradoja. Es probablemente el iPhone más novedoso de los últimos años, pero pertenece a una categoría que Apple no creó y a la que llega después de sus principales competidores. El reto será convertir esa tardanza en ventaja. Si el Duo consigue ampliar el todavía pequeño mercado mundial de plegables, Ternus habrá iniciado su gestión reafirmando una vieja capacidad de Apple: observar una categoría creada por otros, esperar su maduración y finalmente redefinirla. Si el dispositivo permanece como un producto extraordinariamente costoso para un nicho tecnológico, su primera gran apuesta será recordada más como demostración de ingeniería que como transformación del mercado.
Para América Latina, el contraste será particularmente visible. El iPhone Duo representa una de las apuestas más ambiciosas de la computación móvil de consumo y, simultáneamente, una tecnología económicamente distante para buena parte de la población. Pero Ternus no necesita vender el Duo a todos. Necesita algo mucho más importante para Apple: conseguir que millones de consumidores que nunca comprarán uno terminen creyendo que ese dispositivo representa el futuro del smartphone. Ese será el verdadero examen del nuevo CEO.



