
Cuando una empresa privada pierde dinero de manera recurrente, sus propietarios deben decidir si aportan más capital, modifican el negocio o, si deja de ser viable, se declaran en quiebra. Cuando se trata de una empresa pública existe otra posibilidad: recurrir al presupuesto. El problema es que detrás de ese presupuesto no existe una fuente abstracta de dinero. Buena parte proviene de los impuestos pagados por particulares y empresas.
Petróleos Mexicanos ofrece un ejemplo difícil de ignorar. Durante el primer trimestre de 2026 registró una pérdida neta de 45,993 millones de pesos (PEMEX, 2026). En 2025 recibió, además, 395,313 millones de pesos en aportaciones patrimoniales del Gobierno federal (PEMEX, 2025).
Sería incorrecto ignorar que PEMEX también aporta recursos al Estado mediante impuestos y derechos. Sin embargo, el tamaño y recurrencia de las aportaciones gubernamentales muestran que el análisis no puede limitarse a cuánto entrega la petrolera al fisco. También debe considerar cuánto cuesta sostener financieramente a la empresa y si ese esfuerzo está produciendo resultados suficientes.
El Tren Maya presenta otro caso. Entre enero y septiembre de 2025 obtuvo 387.1 millones de pesos por ventas y prestación de servicios, mientras sus gastos de funcionamiento alcanzaron 3,068.2 millones (Tren Maya, 2025). Dicho sencillamente: sus ingresos propios cubrieron apenas 12.6% de esos gastos. Por cada 100 pesos gastados en funcionamiento, generó aproximadamente 12.60 pesos mediante sus servicios.
Todo esto ocurre en una economía que avanza con dificultad. La OCDE proyecta que México crecerá apenas 0.8% en 2026 y advierte que la inversión pública permanecerá contenida dentro del proceso de consolidación fiscal (OCDE, 2026). En semejante contexto, utilizar eficientemente los recursos disponibles adquiere todavía mayor importancia.
También conviene recordar de dónde proviene buena parte del dinero. Durante el primer trimestre de 2026, México obtuvo 2.224 billones de pesos en ingresos presupuestarios y los ingresos tributarios representaron 70.8% del total (SHCP, 2026). Es decir, aproximadamente 7 de cada 10 pesos ingresados al sector público presupuestario tuvieron su origen en el pago de impuestos de particulares y empresas. Detrás de esos recursos están el trabajo, el consumo, la inversión y la actividad productiva de los mexicanos.
Cada peso destinado a sostener una empresa pública deja de estar disponible para otra finalidad. Puede financiar infraestructura, reducir deuda o atender servicios públicos. Pero existe otra alternativa frecuentemente olvidada: podría no haberse recaudado y permanecer en manos de los contribuyentes para consumir, ahorrar o invertir. Los economistas llaman a esa renuncia costo de oportunidad.
México necesita crecimiento, inversión y empresas productivas. La discusión sobre PEMEX y el Tren Maya no debería depender de símbolos, nacionalismo económico o preferencias ideológicas. Una empresa sostenida recurrentemente con recursos de los ciudadanos debe demostrar que el valor económico y social que produce justifica su costo. Cuando los resultados no respaldan esa decisión, la ideología no debería sustituir a la evidencia.
Consultor y analista data-driven. Egresado de la licenciatura en Ciencias Políticas por la Universidad de Los Andes (Venezuela), del Máster en Gestión Pública de la Universidad Complutense de Madrid (España) y de la Maestría en Política y Gestión Pública del ITESO (México). Actualmente es Presidente del Center for Strategic Management & Leadership (Miami,Fl.), Director General de la agencia mexicana P&G Consulting y CEO de la revista Eje Global (Miami,Fl.).



