Cómo convertir un gran evento en una oportunidad para las Mipymes

Eje Global

Los grandes eventos internacionales suelen analizarse por la cantidad de visitantes que atraen y la derrama económica que generan. Sin embargo, para millones de micro, pequeñas y medianas empresas mexicanas, la pregunta más relevante es otra: ¿cómo convertir ese incremento temporal de consumidores en una oportunidad real de negocio?

La dimensión de este sector explica su importancia. De acuerdo con los Censos Económicos 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las microempresas representaban el 95.5 % de las unidades económicas del sector privado y paraestatal y empleaban, por sí solas, al 41.5 % del personal ocupado. Si se incorporan las pequeñas y medianas empresas, las Mipymes concentran aproximadamente el 70.7 % del personal ocupado.

Cada vez que México recibe un gran evento internacional se generan importantes expectativas de turismo, consumo y actividad comercial. Pero la derrama económica no necesariamente se distribuye de manera uniforme. El economista Victor Matheson, especialista en el impacto económico de los megaeventos, ha documentado que sus beneficios pueden resultar inferiores a las previsiones iniciales y que los costos para las ciudades anfitrionas pueden ser elevados. Esto plantea una pregunta fundamental para los pequeños negocios: ¿cuánto del gasto generado logra realmente permanecer y circular dentro de la economía local?

Un acontecimiento de gran escala puede incrementar durante algunas semanas la demanda de hospedaje, alimentos, transporte, entretenimiento, comercio y diversos servicios. Parte de ese consumo puede llegar directamente a pequeños establecimientos. Sin embargo, un aumento temporal de la actividad no garantiza que los beneficios se distribuyan ampliamente ni que permanezcan una vez terminado el evento.

Para las Mipymes, aprovechar esa oportunidad requiere preparación. Un negocio debe anticipar posibles incrementos en la demanda, revisar inventarios, capacidad de atención, disponibilidad de personal y relación con proveedores. Vender más durante algunos días puede parecer suficiente, pero una empresa que no está preparada también puede enfrentar desabasto, mayores costos y una experiencia deficiente para sus clientes.

La digitalización constituye otra ventaja competitiva. Los visitantes utilizan buscadores, mapas, redes sociales y plataformas digitales para decidir dónde comer, comprar o contratar servicios. Contar con información actualizada, ubicación visible, medios electrónicos de pago y canales rápidos de comunicación puede determinar qué negocios capturan una mayor proporción de esa demanda.

También existe espacio para las alianzas. Restaurantes, comercios, transportistas, proveedores turísticos y otros pequeños negocios pueden desarrollar promociones cruzadas, recomendaciones y ofertas complementarias. La colaboración permite ampliar capacidades sin que cada empresa tenga que asumir individualmente todos los costos.

Pero quizá la oportunidad más importante comienza cuando termina el evento. El objetivo empresarial no debería limitarse a vender más durante unas semanas, sino aprovechar la exposición para conseguir nuevos clientes, fortalecer canales digitales, mejorar procesos y desarrollar relaciones comerciales que permanezcan.

Este efecto trasciende a cada empresa individual. Un estudio de M. A. Hernández Vega, publicado por el Banco de México, señala que la pérdida de actividad de los pequeños negocios puede extender sus efectos al resto de la economía local mediante la reducción del consumo y la inversión. Fortalecer su capacidad para aprovechar periodos extraordinarios de demanda puede contribuir, por tanto, a generar beneficios que vayan más allá de las ventas inmediatas.

Los grandes eventos representan una oportunidad, pero no garantizan por sí mismos crecimiento empresarial. Las compañías que llegan mejor preparadas poseen mayores posibilidades de convertir un incremento temporal de consumidores en capacidades permanentes.Para las Mipymes mexicanas, el verdadero éxito no debería medirse únicamente por cuánto vendieron mientras estuvieron encendidos los reflectores, sino por los clientes, capacidades y oportunidades de negocio que permanecieron después de que se apagaron.

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Empresaria, ingeniera industrial y licenciada en administración, con una trayectoria enfocada en el desarrollo empresarial, la innovación y el fortalecimiento del liderazgo organizacional. Es socia fundadora del Center for Strategic Management & Leadership (CSML), con sede en Estados Unidos; vicepresidenta de Capacitación y Desarrollo del Consejo Coordinador de Mujeres Empresarias (CCME), socia de la Unión Social de Empresarios de México (USEM), institución que promueve el desarrollo de líderes empresariales con un enfoque humanista; y miembro de la Comisión de Salud de COPARMEX Jalisco, uno de los organismos empresariales más representativos de México. Desde estos espacios impulsa iniciativas orientadas al desarrollo del talento, la competitividad, la innovación y la construcción de organizaciones más competitivas.