Colombia hoy, ¿el bien germina ya?, o ¿el mundo americano se baña en sangre?

Eje Global

El fragmento «el bien germina ya» pertenece al coro del Himno Nacional de la República de Colombia. La estrofa completa, en esa parte del himno, dice lo siguiente:

«¡Oh gloria inmarcesible! ¡Oh júbilo inmortal! En surcos de dolores, el bien germina ya».

La primera estrofa, de once, dice:

«¡Cesó la horrible noche! La libertad sublime derrama las auroras de su invencible luz. La humanidad entera, que entre cadenas gime, comprende las palabras del que murió en la cruz».

La segunda estrofa dice:

«¡Independencia!», grita el mundo americano; se baña en sangre de héroes la tierra de Colón. Pero este gran principio: «El rey no es soberano», resuena, y los que sufren bendicen su pasión.

La letra del himno fue escrita por el expresidente cartagenero Rafael Núñez, liberal regenerador y posteriormente conservador (primer gobierno, 1880-1882; segundo gobierno, 1884-1886; tercer gobierno, 1887-1888; cuarto gobierno, 1892-1894, hasta su muerte), inicialmente como una obra literaria para celebrar la independencia de Cartagena, y la música fue compuesta por el joven compositor italiano Oreste Sindici (1882), en la hacienda El Prado, en el municipio de Nilo, Cundinamarca.

Se afirma que, gracias a la solicitud del director de teatro José Domingo Torres (1887) al músico italiano, para «pedirle la composición de una canción con motivo de la independencia de Cartagena y su celebración el 11 de noviembre de 1850», Sindici aceptó, pero con la condición de que el autor, Núñez, ajustara la letra a la composición musical, en tonalidad de mi bemol mayor y compás de cuatro tiempos.

El himno nacional se estrenó el 11 de noviembre de 1887 y se oficializó mediante la Ley 33 del 18 de octubre de 1920. Sus partituras y transcripciones para banda sinfónica fueron realizadas por el músico José Rozo Contreras, mediante el Decreto 1963 del 4 de julio de 1946.

El poema original de Núñez, Himno Patriótico, compuesto en 1850, dice lo siguiente:

  1. Del Once de Noviembre mañana brilla el sol. Salud al gran suceso de nuestra redención.
  2. Cayeron las cadenas. La libertad sublime derrama en todo el orbe su bendecida luz.
  3. La humanidad entera, esclavizada, gime. Comprende las doctrinas del que murió en la cruz.
  4. ¡Independencia!, grita el pueblo americano. Aniéganse en su sangre los hijos de Colón.
  5. Pero este gran principio: «El pueblo es soberano» resuena más vibrante que el eco del cañón.

Según algunos historiadores, uno de los primeros antecedentes del actual himno de Colombia se presentó el 20 de julio de 1836, con la llegada del actor de teatro español Francisco Villalba, quien compuso un «canto patriótico para la Nueva Granada, en honor a Simón Bolívar», considerado el primer himno patriótico del país:

«Gloria eterna a la Nueva Granada, que, formando una nueva nación, hoy levanta ya el templo sagrado de las leyes, la paz y la unión».

De acuerdo con Javier Hernández (2021), en su artículo Rafael Núñez en cinco puntos, resalta que «septiembre es un mes para conmemorar el nacimiento y la muerte de este político cartagenero que, junto a Tomás Cipriano de Mosquera, fue protagonista de la segunda mitad del siglo XIX en Colombia», destacando la faceta política de Rafael WenceslaoNúñez Moledo, hombre de leyes y de guerra.

Los cinco puntos son:

Primer punto: Núñez, el creador del himno nacional.

Segundo: el liberal radical, fiel desde 1850 hasta 1878, cuando se incorpora al Partido Conservador católico y a los postulados de la Iglesia católica que lo llevaron al poder en 1880, considerado por su propia colectividad liberal radical como el «prototipo del traidor político y oveja negra de este movimiento», un liberal ultraconservador.

Tercero: el creador del movimiento político de la Regeneración en los años ochenta del siglo XIX, que, según Antonio Caballero, en su libro Historia de Colombia y sus oligarquías, «tuvo mucho de comedia de enredo, porque políticamente fue un sainete, es decir, una pieza teatral breve y cómica, de carácter popular y costumbrista, que se representa en un solo acto».

De manera textual, Caballero señala:

«El objetivo de este movimiento fue cambiar la organización del gobierno y la sociedad colombiana del momento, establecida por la Constitución de 1863, que convirtió al país en una República Federal y que se salió de control con los gobiernos liberales radicales. El lema de la Regeneración fue “Una Nación, un pueblo, un Dios”… y, al parecer, un gobernante, porque con la nueva Constitución de 1886 Núñez logró perpetuarse en el poder».

Cuarto: el creador de la Constitución de más de cien años.

Destaca Hernández:

«La Carta Magna de 1886 fue promovida por Núñez, por entonces presidente de la República, y redactada por el conservador Miguel Antonio Caro durante ese periodo regenerador. Esta se orientó por los principios ideológicos del conservatismo y fue proclamada el 5 de agosto de 1886, derogando la liberalísima Constitución de Rionegro e imponiendo un nuevo orden en el país. A pesar de sus múltiples reformas, Colombia se rigió por ella durante casi 105 años, hasta la llegada de la actual Constitución Política de 1991».

Quinto: el reelegido.

Según Hernández, Núñez fue el presidente que más tiempo gobernó Colombia: nueve años repartidos en cuatro periodos presidenciales. En su último periodo de gobierno (1892-1896), murió antes de concluir su mandato.

Finalizado este breve recuento histórico, la democracia más antigua de América, de la que muchos políticos tradicionales de la élite colombiana se jactan, y escuchando el discurso triunfalista del nuevo actor de las oligarquías, que preliminarmente ha triunfado en la primera vuelta de la elección presidencial, el histriónico actor De la Espriella, se devela claramente la estrategia y el lenguaje utilizados para exponer las verdades ideológicas ocultas de persuasión y las relaciones de poder económico y político de extrema derecha que lo sostienen en todo aspecto.

Más allá de las palabras, la teoría del análisis del discurso nos plantea que estas tienen poder e impacto mediático y popular para construir y moldear la opinión pública, especialmente en aquellas mentes emocionales, irresponsables y sin sentido de la historia ni del conocimiento profundo de lo importante y trascendental para un país.

Los objetivos principales del análisis del discurso son:

  1. Descubrir ideologías y prejuicios. Aquí se identifican valores, creencias y agendas ocultas detrás de lo que se dice, se maquilla o se oculta intencionalmente.
  2. Identificar técnicas de persuasión. Se analiza el uso de metáforas, narrativas (storytelling) y apelaciones a las emociones para influir directamente en los electores potenciales, cautivos e indecisos.
  3. Estudiar las relaciones de poder. Se evalúa cómo el discurso expresado por el actor político legitima ciertas acciones, impone visiones del mundo o descalifica a los adversarios políticos.
  4. Analizar la construcción de identidad. Se examina cómo los políticos definen quiénes son («nosotros, el pueblo, la patria») y quiénes son los oponentes («ellos, los otros, los guerrilleros, los paracos, los narcos»).

Si queremos entender lo que siempre pasa y ha pasado en la «democracia» colombiana, tenemos que evaluar necesariamente lo precedente en tres niveles: el texto, relacionado con el vocabulario y la gramática; la cognición, es decir, cómo se procesa la información por parte de los receptores o del público objetivo; y el contexto social y cultural en el que se emiten, de manera periódica y sistemática, el mensaje y la frase o gancho popular que mejor encaje y facilite la manipulación diseñada (una sucesión de palabras sencillas).

Todo esto lo enmarcamos en el contexto político, económico y social adecuado para buscar y lograr un cambio de opinión, un sentimiento o una orden explícita y concreta para ejecutar una acción real, soportada en una estrategia de miedo, terror e intimidación frente al cambio.

Interesa entonces saber quién, cuándo, dónde y cómo se realiza ese discurso, tal como lo hicieron los nazis en Alemania en sus efectivas campañas de propaganda política de odio y exterminio.

En resumen, la nación colombiana sigue altamente polarizada y manipulada por los sectores políticos y empresariales porque no aprende, no lee, no profundiza ni prioriza lo importante; es decir, lo vital, lo esencial para la supervivencia y la protección de su propio sistema de vida y desarrollo común. El sistema cultural y los códigos o palabras que guían sus decisiones son de desprecio, descalificación y mentira, simples e irresponsables.

Los eufemismos, las metáforas y las comparaciones alejadas de la verdad, la grosería, la ironía y el sarcasmo utilizados por el señor De la Espriella nos ilustran y advierten a tiempo sobre el peligro de caer en falsos profetas, futuros dictadores y abusadores, en lugar de representantes auténticos de las necesidades de la población, así como del uso utilitario de la fe religiosa, la ingenuidad y la irresponsabilidad de quienes le creen y lo apoyan, profundizando aún más la desunión del único país estratégico que necesita el gobierno republicano de Trump para cerrar y controlar toda la región de América, sin pueblos soberanos, sin independencia y, con mucha sangre, si es preciso.

Colombianos: hoy se necesita hacer el mayor esfuerzo intelectual de responsabilidad política, histórica, económica y de trascendencia espiritual para no volver a caer en lo mismo: la patria boba que, como el propio Rafael Núñez, siendo liberal ultraconservador, señaló:

«La humanidad entera, que entre cadenas gime, comprende las palabras del que murió en la cruz».

Dios es amor; no es odio, no es prejuicio. Eres coherente o no lo eres. Nuestros valores, principios, riquezas territoriales y convicciones sobre un mejor país para las actuales y futuras generaciones lo necesitan y dependen de ustedes, de Latinoamérica y de mí para no ser nuevamente colonizados y esclavizados funcionalmente por la peor gente, inmoral y materialista, que hoy asesina impunemente a otras naciones y se llena de sangre inocente, no de héroes.

No es gritar; es saber pensar y proyectar el futuro para competir y desarrollar el país de todos, no el de unos pocos privilegiados.

¿El bien germina ya?, o ¿el mal, pintado de Colombia, triunfará?

Eje Global
+ posts

Profesor Asociado e Investigador en la Escuela Superior de Administración Pública – ESAP, institución de carácter universitario superior del nivel nacional del Estado colombiano. Temas y líneas de investigación relacionados con Ciencia Política, Estado, Gobierno, Administración Pública, Gerencia Pública, Políticas Públicas, Técnicas de Análisis Espacial y Geopolítica, Innovación y análisis organizacional, Gestión ambiental, Responsabilidad Social Empresarial, entre otros. He sido columnista de opinión política en revista Capital Político, conferencista, consultor y asesor de empresas e instituciones en sistemas de gestión de la calidad (ISO) y modelos de excelencia (EFQM), evaluador del Premio Nacional a la Calidad (Icontec). Profesor y catedrático en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia (UN - Bogotá), Fundación Universitaria San Martín (FUSM-Bogotá). Jubilado del Grupo Energía de Bogotá S.A. ESP. Doctorando en Política y Gobierno en la Pontificia Universidad Católica de Córdoba (Argentina); Magister en Estrategia y Geopolítica de la Escuela Superior de Guerra, y Especialista en Responsabilidad Social Empresarial de Universidad Externado de Colombia y Columbia University New York; Especialista en Gobierno Municipal de la Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá).