Estupidización del lenguaje

Eje Global

Vivimos una época de orfandad lingüística; vivimos un tiempo de banalidad y superficialidad en el uso de las palabras.

Los contenidos digitales han promovido un desajuste en el código lingüístico que usamos en el día a día, lo cual va empobreciendo la capacidad colectiva de expresarnos.

Desde la aparición de la mensajería instantánea —iniciando con el mensaje de texto hasta la actualidad—, la simplificación de las palabras se ha convertido en una mutilación del lenguaje propiamente dicho.

Las abreviaturas sin sentido, el uso de emojis y la caracterización de nuevos significados son parte de una transformación del lenguaje debido a los cambios en los canales de comunicación.

Esto por sí solo no representaría mal alguno si no fuera por la ausencia de un contrapeso; el dominio de los códigos digitales en los canales tecnológicos ha desplazado a la vieja lectura, causando un reacomodo total de nuestra capacidad de expresarnos y comunicarnos.

Y esos nuevos procesos de comunicación han aniquilado por completo el uso de palabras, de expresiones coloquiales y eruditas; han «estupidizado» el lenguaje cotidiano, lo que repercute en la capacidad y madurez colectiva de una sociedad.

Pues, en la medida que escuchamos y hablamos, en la medida que leemos hablamos. Y justo en ese mismo orden.

Así como un bebé aprende a hablar al escuchar a sus padres, desde la misma contraposición de «di mamá» o «di papá», desde allí comprendemos una relación de quién es cada quien y desde allí emprendemos el proceso de aprendizaje en la vida.

Ahora bien, si lo que escuchamos constantemente son contenidos digitales con un lenguaje simple, huérfano de significado, alejado de cualquier capacidad de reflexión analítica, ¿cómo, entonces, podremos tener una adecuada capacidad de expresión?

El consumo de lenguaje basura está provocando esquemas lingüísticos igualmente huecos y esto ya empieza a traer un grave costo en la psique colectiva.

Una de esas consecuencias es la incapacidad de nombrar lo que somos o sentimos.

Esa falta de representación a través de la palabra provocará un malestar que desembocará en la manifestación de esos sentimientos en otras formas de expresión, alejadas de la palabra.

Un ejemplo de eso, aunque parezca extraño, son los movimientos que se han gestado como el de los «therian» o el de «farmear aura», que son manifestaciones no lingüísticas de emociones o creencias que no pueden plasmarse en palabras.

Esto indica que la estupidización del lenguaje está inmediatamente ligada a la estupidización de las acciones o conductas; pues, al no poseer la forma de decir en palabras lo que deseamos, lo tendremos que expresar a través de métodos o usos más arcaicos.

Es decir, volveremos a un estado previo a la palabra; una involución de la esencia del ser humano.

Un retroceso que, paradójicamente, es causado por el avance de las capacidades de creación y creatividad tecnológica del hombre.

Y otro ejemplo de ello es la inteligencia artificial —una herramienta que es maravillosa si se emplea en la construcción o ampliación de conocimiento—, pero que en este momento es utilizada como sustitución de la inteligencia humana.

Esto reduce el potencial de reflexión e interpretación, lo que, a su vez, es parte de los motivos de la estupidización del lenguaje.

Nuestra esencia está en el lenguaje y en toda expresión o manifestación artística —entendiendo el arte como lenguaje sin palabras—, y la pérdida de sentido de este despoja al hombre de la facultad de darse a sí mismo significado, definición y coherencia como ser.

Eje Global
jdionisioss55@gmail.com | + posts

Licenciado en Comunicacion Social por la Universidad Santa María (Venezuela), con especialización en Gobierno Abierto por la Organización de Estados Americanos (OEA). Fue responsable de prensa del candidato a la presidencia de Venezuela Manuel Rosales, ha sido asesor de campaña de varios candidatos, además de fungir como director de comunicación en alcaldías y gubernaturas. Así mismo fue asesor de la Asamblea Nacional de Venezuela en materia de Comunicación.